Always Together - Capítulo 6


Atentado

El charco de sangre que se formó a los pies de Raúl fue tanto que hizo que éste se quedará con los ojos muy abiertos, y casi paralizado por la conmoción. El motivo de aquel desastre se debió a un par de impacto en la frente de cada uno. Se había armado un tiroteo dentro del local.

Esteban reaccionó más rápido que Raúl, lo tomó por un brazo y lo arrastró hacia la entrada de Pony Club, entrada que ya no lograba verse producto del alboroto causado por las personas que intentaban escapar del local.

Los disparos cada vez eran más seguidos. La gente caía como piezas de dominó. Algunos se tiraban al piso con las manos en la cabeza a modo de protección, otros se escondían debajo de las mesas, se recostaban de las paredes muy alarmados, en fin, la mayoría buscaba un modo de protegerse de quienes disparaban contra las personas.

Cuando Esteban logró llegar hasta la puerta del local se dio cuenta que estaba cerrada. Alguien la había cerrado por fuera. Automáticamente se quitó de allí para no ser aplastado por la gente que intentaba derribarla.

Raúl estaba desesperado, no sabía qué hacer. Lo único que hacía era desesperarse y pensar en las personas que a cada segundo caían sin vida. Su preocupación aumentó de nivel cuando se acordó de sus amigos. Se aterró al pensar que cualquiera de esos cuerpos podía ser el de ellos.

Sus pensamientos negativos fueron interrumpidos por una fuerte explosión que hizo volar a un grupo de persona que se encontraban en la barra, al fondo del local. La explosión hizo que la escena empeorara. Decenas de cuerpos quedaron inmóviles en el suelo.

Esteban tomó a Raúl por los hombros y lo zarandeaba para hacerlo reaccionar. Estaba completamente inmóvil y lleno de pánico.

- Si no te mueves ahora mismo, nos van a matar – le dijo Esteban mientras le tomaba el rostro con ambas manos – Tenemos que buscar la manera de salir de aquí lo más pronto posible.

Raúl comenzó a mirar a todas partes a modo de poder encontrar algo que buscaba, además de sus amigos. El humo ocasionado por la explosión le dificultaba la vista, sin embargo logró ubicar el pasillo que daba a la oficina administrativa del local.

Por encima del alboroto le gritó a Esteban que lo siguiera, sabía que al final de ese pasillo se encontraba la salida hacia la bodega, y de ahí estaba una salida trasera por donde cargaban los suministros del local.

Tomó a Esteban por la mano justo en el momento en el que una bala le rozó la oreja derecha. Sintió un fuerte dolor pero no se detuvo a verificar qué le había sucedido. Sabía que no era nada grave porque seguía de pie.

A raíz de ese disparo fallido, ambos chicos decidieron correr casi agachado para evitar una tragedia. Les dificultaba mucho caminar rápido por la posición de sus cuerpos y por el mar de personas y escombros que estaban esparcidos por el suelo del local.

Raúl se tropezó con una mesa y cayó sobre uno de los cuerpos sin vida que estaba en el suelo. Su reacción fue levantarse muy rápido, pero al caer pudo notar que quien estaba tendido allí era Julio, el bartender de Pony Club, el joven que temprano le había ofrecido un par de tragos.

Se llevó las manos a la boca y de sus ojos corrieron varias lágrimas. Ver aquellos le resultó muy difícil. Sabía que estaba en un lugar en donde podía haber más de 50 personas muertas, pero ver a alguien conocido en esa situación le pareció muy terrible.

Las lágrimas aumentaron al recordar que no sabía nada de sus amigos. Deseó con todas sus fuerzas no estar en aquel lugar y que todo fuese una terrible pesadilla.

Esteban lo ayudó a incorporarse para avanzar hacia la salida. Raúl, como pudo, ubicó el pasillo que da a la oficina, pero antes de eso vio como uno de los asesinos vaciaba toda la caja registradora en un bolso, y como el otro seguía disparando sin resentimiento alguno.

Justo en el momento en el que iban a introducirse por el pasillo, el delincuente que tenía el bolso lleno con el dinero de la caja registradora los apuntó y les ordenó que se apartaran de su camino.

- ¡QUÍTENSE! – Les gritaba el encapuchado mientras los apuntaba con un arma – Se quitan o los mato aquí mismo.

- Descuida, descuida – le repetía Esteban mientras intentaba calmarlo con los brazos abiertos – Ya nos quitamos, ya nos quitamos.

El delincuente iba a dispararles pero se detuvo porque comenzó a oírse el sonido de unas sirenas de policía. Esteban se colocó entre el delincuente y Raúl para servirle de escudo.
Esteban aprovechó esa distracción para abalanzarse contra el delincuente para quitarle el arma. Esa acción no tomó al hombre por sorpresa y provocó que éste le diera un fuerte cachazo. Lo tiró al suelo y lo apuntó para dispararle en la cabeza.

Raúl gritó y se enfrentó al hombre. Obviamente no tenía la suficiente fuerza para derribarlo, pero si pudo evitar que disparara. El hombre lo empujó contra la pared con un codazo en la nariz y le dio una patada en las costillas cuando cayó al suelo.

En ese momento el otro delincuente le gritó que era momento de salir si no querían que la policía los atrapara. Ambos salieron corriendo por la salida de la bodega y dejaron el local vuelto un caos: decenas de muertes, miles de heridos, y daños estructurales muy graves.

Esteban se logró incorporar y se agachó cerca de Raúl para ayudarlo a levantarse. Justo cuando iba a hacer fuerza para pararlo, la puerta del local se vino abajo y entró un gran grupo de policías armados.

Sabía que todo había terminado, que habían logrado sobrevivir.

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