#AdamuzYLaUniónDeTresRazas Capítulo 7. El Secreto de Taylor




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El secreto de Taylor

Cap. 7. El Secreto de Taylor


            El viernes pasó muy rápido, el día apenas le alcanzó para hacer sus tareas y lavar la ropa. Samantha quedó muy cansada por todos los oficios que hizo.
            En la noche el teléfono sonó, muy contenta salió corriendo de su habitación pensando que la llamada sería de Chelsea. Eran las 7:30pm y aun nada que sabía de ella. Cuando contestó, los ánimos se le cayeron al suelo, la voz no era de Chelsea. Era Michael.
- ¡HOLA! Samantha, te estaba llamando para invitarte mañana a un toque de bandas que habrá cerca de mi casa… en la “Noche Musical”.
- ¡Ah! Hola Michael… ¿mañana?... eh, yo… 
- Anda, va estar bueno, además va a ser de tu preferencia, ¡estará buenísimo!
            Samantha dudó por un momento, pero se decidió en ir, ya que necesitaba algo nuevo para distraerse.
- Esta bien Michael, mañana estaré en tu casa, tranquilo.
- ¡OK!, sabía que me ibas a decir que sí.
- Michael… yo iré, pero… aun no me has dicho la hora.

            El sábado llegó, y con él, una emoción que Samantha no sabía cómo describir, iba a un toque de bandas con unos de sus mejores amigos. Chelsea y su extraña desaparición quedaron a un lado de su cabeza.
            Eran las 4:00pm cuando decidió darse un baño. El toque de bandas era a las 7:00pm, pero necesitaba tiempo para arreglarse y acudir a la casa de Michael.
            Antes de meterse al baño, buscó en su closet un jeans de color negro (uno de sus preferidos), una blusa de tirantes de color negra, y de debajo de la cama sacó un par de converse de cuadros negros y blancos. Tenía todo listo, iba a vestir cómoda y justa para la ocasión.
            Se dio un baño, se vistió, se peinó y recogió todo lo que pudo dejándole una nota a su mamá pegada en la nevera por si regresaba y no la encontraba. Samantha ya sabía que no regresaría en una semana, pero aun así se preocupó en dejarle una nota.
Querida mamá:
Estoy en un toque de bandas con uno de mis amigos. Cuando regrese te explico. Besos…
Samantha
            Agarró sus llaves y se encaminó hacia la puerta para irse a casa de Michael. Aun iba con tiempo de sobra.
...
Dos horas antes que saliera de su casa, por otro lado, Taylor Mackenzie estaba ansiosa, nerviosa y preocupada, esperando a Roger para contarle todo como lo habían acordado el día anterior en el colegio.
            Taylor estaba asomada en la ventana con un cofre negro de gran tamaño. Cada cinco minutos miraba su reloj de pulsera y veía por la ventana. Se preguntaba por qué Roger no llegaba, estaba muy preocupada.
            La sexta vez que consultaba su reloj de pulsera fue la definitiva. Cuando miró por la ventana, pudo visualizar a lo lejos una figura muy parecida a la de Roger y evidentemente era él.  
            Se apresuró a acercarse a la puerta, depositó en la mesa de la sala de estar el enorme cofre negro  que cargaba en brazos.
            Antes que Roger pudiera tocar el timbre, ya ella había abierto la puerta.
            Roger estaba con su ropa habitual, pantalones elegantes y con un buen peinado. No esperó a que Taylor lo invitara a pasar. Ya había entrado.
            Taylor con sumo cuidado cerró la puerta sin decir una sola palabra. Condujo a Roger hacia la sala y lo invito a que tomara asiento.
            La casa de la familia Mackenzie era una mansión  muy lujosa con las mejores decoraciones. Al entrar, lo primero que se encontraba era un espacio inmenso, un espacio el cuál en el medio se encontraba una pequeña fuente artificial, con unas esculturas de sirenas rodeadas de muchas mariposas. Al fondo de aquella fuente, se podía observar una lujosa escalera que conducía a los pisos de arriba. A mano derecha se encontraba la sala de estar, una gran sala donde lujosos y finos muebles decoraban el lugar. En medio de aquellos muebles había un tapete vinotinto oscuro, estampado con detalles dorados el cual combinaba con los muebles. Encima de ese tapete, se encontraba una mesa de vidrio, la misma mesa donde Taylor había colocado el gran cofre negro.  
            Por un momento Taylor quedó en silencio y con la mirada perdida. No decía ni una sola palabra, solamente se mecía hacia delante y atrás como si estuviese padeciendo un ataque de nervios. Roger rompió ese silencio tan incomodo y expresó:
- Ok, Taylor… ya estoy aquí, tú me dirás.
            Roger  tuvo que esperar un minuto para que Taylor saliera del trance en el que estaba metida.
- Roger amigo – Su voz era peor que la del día anterior, cada vez se notaba más nerviosa. – Como sabes, te cité aquí para hablar de algo muy importante, para revelarte el secreto de mi fama y de todo mi éxito, preferí a esta hora porque sabía que papá y mamá saldrían de pesca hoy, y de paso, hoy es el día libre de los empleados, por lo tanto, nadie más nos interrumpirá.  
            Mientras Taylor hablaba, en la mirada de Roger se podía notar una expresión de ansiedad, estaba ansioso porque Taylor hablara de una vez, que le dijera qué era aquello tan importante. Hasta los momentos, Roger sólo decía un típico “mmm”, “aja”… hubo un momento en que no aguantó más y le dijo a Taylor que fuera al grano de una vez.
- Taylor… Taylor, disculpa que interrumpa tu discursito, pero dime de una vez, por lo que más quieras, ¿Qué es lo que tienes que decirme?, ¿Cuál es ese secreto?
            Taylor decidió no dar más vuelta al asunto y comenzó a relatar.
            - Hace cinco años, mis padres y yo fuimos a una tienda de antigüedades a comprar artículos. En esos años no teníamos la fortuna que tenemos ahora, pero sin embargo mi madre era una de esas típicas mujeres que siempre que ven una tienda de antigüedades, ahí está metida.
>> En esa tienda no había nada elegante, nada brillante, nada que llamara la atención. Mi padre es y siempre ha sido un hombre muy ocupado, por lo tanto decidió que lo mejor era largarnos. Yo contenta porque en realidad no quería estar más ahí, estuve de acuerdo con mi papá.
>> Ya estábamos a punto de salir, cuando mi madre se fijo en algo. Era un mueble de cuatro gavetas, uno muy viejo, elaborado de madera muy fuerte y pintada de color azabache envejecido. En sus cuatros gavetas, tenía una manija de oro. A pesar de lo viejo que era, el oro se veía muy pulido y brillante.
>> Mi mamá, al verlo, quedó encantada y se puso como niña chiquita cuando quiere un juguete. Mi padre y yo intentamos todo lo posible para convencerla que no lo llevara, pero no tuvimos éxito. ¡Maldita la hora en que mi mamá se enamoró de ese mueble! – Taylor interrumpió la historia para arrojar ese comentario extra. –Tantas fueron las ganas de mi mamá llevarse ese mueble, que papá tuvo que convencer al dueño de la tienda, para que lo pusiera en venta.
>> Papá le ofreció mucho dinero, casi todo lo que teníamos con nosotros hasta que el dueño acepto y mamá pudo llevárselo.
            Roger interrumpió el relato porque ya le había parecido de lo más aburrido.
- TAYLOR, TAYLOR… yo no vine para acá a escuchar de cómo la familia Mackenzie disfruta de un día de compras – Roger se arrepintió al decir esto, porque pensó que Taylor ya no le contaría nada – Disculpa… no fue mi intención, sólo que estoy ansioso por saberlo todo, ¡amiga!
            Taylor lo miró con rabia y siguió su relato:
- Regresamos a casa y mi mamá comenzó a remodelar toda su habitación para decidir en qué lugar colocarlo. Movió cama, peinadora, todo.  Por fin quedó en su sitió. Mamá revisó todas las gavetas y en una de ellas encontró algo que al principio, al parecer no era tan inservible como se veía. Por culpa de eso es que yo estoy así, pero gracias a ello, es que tengo todo lo que tengo y soy la famosa Taylor Mackenzie.
            Roger ya estaba cansado de que Taylor no le dijera de una vez por todas, ya quería saber qué era lo que escondía. Claro, ya Roger tenía una idea de qué era aquello tan misterioso. Si estaba en lo cierto, en menos de lo que cantara un gallo, iba a tener en sus manos lo que tanto deseaba y aquello que Elena  buscaba por ordenes de su padre.
            Taylor dejó de hablar de su historia, y fue al grano como Roger decía. Tomó de la mesa el gran cofre negro y se dirigió a Roger.
- Roger… en esta caja tengo mi mayor secreto, tengo mi vida, mis sueños, mi existencia y mi grandeza. Aquí está el secreto de toda mi carrera,  de mi dinero y de mí misma.
            Taylor enseguida sacó el contenido del gran cofre negro y dejó que Roger observara el gran tamaño de aquel secreto. El secreto que Taylor llevaba consigo, el cual se había propuesto a no revelarlo.
            La calle era muy transcurrida. Había gente donde quiera. La casa de Michael quedaba un poco retirada de la de Samantha, pero no tanto. Desde su casa, ella pudo irse a pie sin ninguna complicación.
            Al llegar a la casa de Michael, Samantha tocó la puerta y quien la recibió fue el padre de Michael.
- Si… ¡Disculpe!
            El padre de Michael era igual que él. Piel morena, un poco más bajito que Michael y de 40 años. Las canas ya se asomaban por su cabello, mostrando los años que el Sr lleva transcurriendo.
- Disculpe Señor. Michael se encuentra…
            Eran las 6:00pm cuando Samantha llego a casa de Michael. Antes que el padre de Michael le respondiera a Samantha, ya Michael había llegado a la puerta.
- ¡PAPÁ! Te presento a Samantha... una compañera de clase y amiga.
- ¡Mucho gusto!, soy el papá de Michael – agregó al comentario una risita muy particular.- Mucho gusto bella jovencita, veo que mi hijo salió igual que yo. Me llamo Mike y como te dije y él te dijo, soy su padre – volvió a agregar la misma risita de la vez anterior.
- Mucho gusto, Sr. Mike, un placer conocerlo.
            A Samantha no le agradó mucho el comentario del padre de Michael, no le gustó aquello de que “salió igual que yo”.
- ¡Papá! Samy y yo ya nos vamos… iremos al toque del cual te hablé – Michael sin pensarlo dos veces, agarró a Samantha por un brazo y se la llevó arrastre bien retirada de la puerta de su casa. Con la mano se despidió de su papá dejándolo solo en la puerta.
- Samy disculpa a mi padre. Últimamente está muy loco. Piensa que todas las chicas que llevo a casa son mis novias…
- ¡Tranquilo! Michael… no fue nada. Tu padre es… divertido.
- ¿Bueno, estas lista para la gran diversión? – Aquella pregunta estuvo cargada de mucho entusiasmo.
- ¡listísima!
            Juntos emprendieron hacia el evento. Aun les quedaban 40min para llegar a tiempo. Todo el camino hacia la noche musical lo pasaron hablando acerca de Chelsea. Ella aun seguía desaparecida.
- Oye Michael, no has sabido nada de Chelsea… ya me estoy preocupando – Samantha en definitiva, ya no le importaba tanto que apareciera para que le contara aquello que quería decirle, sino, que apareciera. - Creo que lo mejor será ir a su casa apenas salgamos del colegio el lunes, así como lo habíamos planeado.
- Samy… ¿tú crees… que le pudo haber pasado algo malo? – Michael también estaba preocupado, y no sólo eso, ya estaba cayendo en el error de pensar cosas malas.
- ¡NO! Chelsea debe estar bien… sólo… sólo debe estar enferma o quizás de viaje, pero no creo que le haya pasado algo grave. Además las malas noticias son las primeras en saberse.
            Los chicos estaban súper preocupados, pero toda la preocupación pareció haberse ido cuando llegaron al lugar.
- ¡Bienvenida!, Samantha, te presento la noche musical.

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